24 - Misericordia
Charlotte llevaba puestos sus lentes de sol pero aun así la excesiva iluminación del páramo la hacía mantener sus ojos entrecerrados, habían pasado algunos minutos desde que ingresaron a los caminos.
Ludovic lideraba el paso, con su compañera tomándole del brazo por lo encandilada que estaba. Su mirada celeste se fundía entre las astillas de cristal que se alzaban desde el suelo y se perdían en lo alto del infinito, como si auroras de diamantes les delimitaran la ruta. Del otro lado se extendía un horizonte deslumbrante. Algunos folkloristas y alquimistas comparaban al páramo con un frío desierto de sal.
Resultaba difícil divisar el panorama cuando todo tenía una misma paleta de color.
A menos que se perteneciera al círculo filarmónico o se estuviera dentro de un equipo de caminata del páramo; como Félix y Sam, estaba prohibido salirse del trayecto. Además, fuera de los caminos sí se requería el uso de un traje de protección especial pues los niveles de aura eran demasiado elevados, unos minutos de exposición resultaba en algo similar a envenenarse por oxígeno, podía ser mortal.
Ludo no recordaba nada de su tiempo que pasó perdido en el páramo, aunque a veces solían llegarle destellos de memorias, sensaciones más que nada, miedo, desesperación angustia, a pesar de los años y de las incontables ocasiones que a transitado los caminos seguían llegandole esas evocaciones.
—¿Qué tienes? —la voz de Charlotte lo trajo a la realidad—, estás muy callado.
—Solo pensaba, en la información del caso y lo qué nos podría esperar —mintió.
—Mmm… —respondió. Por fin sus ojos se habían acostumbrado a la luz, igual mantuvo sus lentes— Y... ¿vas a contarme qué fue eso de hace rato?
—¿Qué cosa?
—Por favor, no finjas —los lentes de Charlotte le cubrían los ojos, pero aún así Ludo estaba seguro de que le juzgaba con la mirada —, esa escenita que con NovaTec, ¿qué rayos fue?, te tornasoleaste, no es la primera vez que te veo tornarte de colores, y con él, pero ahora si fue demasiado evidente.
—¿Tornasolearme? —se burló al repetir la palabra—, ¿qué es eso?
—Tu sangre no es roja, así que no puedes sonrojarte. —soltó su brazo dándole un golpe en el hombro— Y no me cambies el tema. ¡Explícate!
—Si me agredes no voy a responder nada —dijo escudándose de otro golpe—, y más bien, tú dime, ¿desde cuándo está mal que uno le haga regalos a sus amigos?
—A excepción de mis cumpleaños, a mí casi nunca me regalas nada.
—Tienes gustos muy raros, demasiado específicos. —Ludo extendió una sonrisa pícara y preparó sus piernas para correr— Además, entre tú y NovaTec él es más lindo.
La mandíbula de Charlotte se desencajó.
—¡Vaya que eres imbécil! —gritó insultándolo en sovien mientras lanzaba otro par de golpes.
Ludovic arrancó a correr mientras Charlotte le pisaba los talones. Dejó que le cayeran algunas patadas antes de dejarla metros atrás. Siguieron corriendo y jugueteando hasta que se divisó el final del camino.
—Casi llegamos —observó la artillera.
Al otro lado de la senda delimitada no se veía nada, lo cual resultaba extraño para ambos folkoristas, debieron verse puertas esparcidas por aquí y allá desde que ingresaron a los caminos, las cuales debieron haber aumentado en cantidad conforme se acercaban al final del camino. Si acaso se veía una que otra pero muy en la lejanía.
A diferencia de cualquier otro trayecto, de cualquier otra misión, no había una puerta esperándolos, lo que se veía era algo parecido a una gran fisura en el aire, en el interior se veía un desierto árido coronado por un cielo azul. El sonido que producía la grieta era como el de una turbina de avión.
—¿Solo cruzamos? —preguntó Charlotte cambiando su mirada entre el cerbero y la abertura— Nunca antes he salido por algo que no sea una puerta.
Ludo asintió.
—Cuando se comenzaron a usar no siempre se lograba sincronizar con una puerta, a veces teníamos que salir así, saltando —aseguró.
Charlotte veía la grieta con evidente preocupación. Ludovic se burló.
—¿Qué?, ¿nerviosa? —preguntó con tono burlón reto—, ¿puedes volar jets que rompen la velocidad del sonido, pero te da miedo atravesar una fisura entre dimensiones?
Su compañera entrecerró los ojos.
—Al menos cuando pilotaba tenía paracaídas, sistema de soporte vital y un asiento eyector, ¿aquí qué tengo?
—¿A mí? —respondió mostrando sus hoyuelos junto con unos ojos de cachorro.
—Ugh… —Charlotte se llevó las manos a la cabeza, decepcionada.
—Iré primero —confirmó—. No te asustes si sientes ganas de vomitar, aguanta la respiración hasta que salgas si no quieres que te colapsen los pulmones.
Habiendo dado su advertencia, el íncubo se encaminó entrando a una serie de destellos que salieron de la misma abertura. Ludovic sintió una succión recorriendo su cuerpo, su visión se distorsionó y por un par de segundos lo único visible fue una espiral de colores desorganizados. En lo que duró un parpadeo el panorama cambió por completo, ya no se encontraba en el páramo, se hallaba envuelto en un nubarrón de tierra y sobre su cabeza brillaba un sol de mediodía.
Estaba por recibir a Charlotte para ayudarle en su salida, pero sus sentidos detectaron algo de inmediato, en específico a un olor demasiado conocido. Los vellos en su cuerpo se erizaron igual a un felino en presencia de peligro.
La artillera cayó de rodillas al suelo sufriendo un ataque de tos y horcajadas.
—Te odio —dijo su compañera al verlo de pie—, de seguro tú no la pasas mal por tu dieta a base de líquidos.
—Shhh… —la silenció.
Con sus ojos bien abiertos Ludo no dejaba de voltear a todos lados, olisqueaba el aire cada tanto, como un sabueso en busca de algo.
Charlotte se enderezó de inmediato una vez comprendió su lenguaje corporal. Acomodó su ropa y pasó sus dedos por la pantalla de su reloj, un dron yi-mini se materializó a los pocos segundos comenzando a volar sobre sus cabezas, su lente al igual que los ojos de Ludo no lograba decidir dónde fijarse. Flotaba y giraba sobre su propio eje buscando algo a la distancia.
—¿Qué está pasando? —preguntó cautelosa.
—¿No hueles eso?
Charlotte arqueó una ceja, aún así dio una inhalada profunda, e igual que Ludo, sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Eso es…?
—Lirio… —respondió Ludovic—, y en grandes cantidades.
«¿Es esto a lo que te referías?» Se preguntó Ludo al recordar la conversación que tuvo con NovaTec.
Charlotte siguió con la atención en la pantalla de su reloj y cada tanto miraba a la periferia. Maldijo algo en voz baja antes de sacar su celular, volvió a maldecir, más alto esta vez.
—Perdimos comunicación con el claustro, no logro enlazar con Monad —aseguró frustrada.
—Micolash y NovaTec dijeron que esto iba a pasar —Ludovic seguía sin despegar su vista de la distancia—. Aún tenemos a Sofía.
Sofía era la asistente virtual presente en los relojes de los folkloristas, al igual que Monad, se trataba de una inteligencia artificial, pero mucho más limitada que su contraparte. Cuando se topaban con situaciones donde no se podía contar con el apoyo remoto del claustro Sofía tomaba lugar.
—Nos están observando —aseguró Ludovic con su mirada fija en la distancia.
—No es posible, aún no se disipa el pulso de desilusión —aseguró Charlotte.
—Allá —el dedo de Ludovic apuntó hacia Zan Mar Tyn. Sus sentidos preternaturales le permitían ver una mansión de fachada naranja. Justo en un balcón se hallaba un joven de tez morena observándoles a través de un catalejo.
El íncubo se percató de un borrón blanco, algo muy rápido pero aún así alcanzó a notarlo antes que escapara de su vista. Sus vellos volvieron a erizarse cuando percibió el sutil aroma a ozono que se habría paso por sobre el intenso perfume del lirio.
NIVELES ALTOS DE AURA DETECTADOS. POSIBLE ENFRENTAMIENTO INMINENTE. SE RECOMIENDA USO DE ESPACIO DE LAS MARAVILLAS.
Se oyó decir a Sofía desde ambos relojes de folklorismo, su voz se diferenciaba de la de Monad la cual era menos robótica.
La grieta por la que salieron terminó por desvanecerse, el único rastro que dejó atrás fue una fina hebra transparentosa, como una cicatriz suspendida en el aire.
Ludo sintió una extraña vibración en sus nervios, como si de pronto el ambiente se hubiera cargado. Quiso buscar de nuevo aquello que vio por el rabillo de su ojo, pero su atención fue captada por el dron que flotaba erráticamente, un grupo de luces se iluminaban en su superficie cada tanto, como una especie de notificación, su lente se había fijado hacia la misma mansión naranja.
—Parece que el yi-mini también detectó algo —afirmó antes de dando media vuelta hacia Charlotte.
—¡Ludo, detrás de ti!
FOLKLORISMO INICIADO. MATERIALIZANDO ARMAMENTO Y VESTIMENTA DE COMBATE. PREPARANDO BOBINAS DE LAS MARAVILLAS.
Mientras la ropa de combate aparecía, Ludo dio una voltereta en el momento en el que un chico semidesnudo arremetió contra él, el golpe dio en el suelo, justo en el sitio en el que estuvo parado segundos antes, el impacto fue tan fuerte que dejó un cráter y levantó una nube de polvo. Una vez el aire se aclaró fue posible ver a quien intentó atacar a Ludo, un joven de piel apiñonada vestido con túnica blanca, a sus espaldas portaba unas falsas alas de ángel, junto con una aureola dorada que apenas y se sostenía en su cabeza.
Con apenas algo de esfuerzo, el chico desenterró una gruesa vara de metal, la misma con la intentó dar a Ludo y lo que provocó el cráter, se veía como algo que fue arrancado de una valla o reja a la fuerza. El chico se irguió revelando unos ojos que ardían en dorado.
El yi-mini se colocó en lo alto y comenzó a girar con gran velocidad, cuatro objetos salieron disparados de su cuerpo esférico clavándose en puntos distantes, se abrieron como capullos revelando unas bobinas similares a las que se vieron en el enfrentamiento que tuvo con Dante. La electricidad pulsante se hizo visible y audible, igual al trinar de aves furiosas.
ACTIVANDO ESPACIO DE LAS MARAVILLAS.
El árido paisaje que los recibió se fue difuminando entre el blanco hasta que el desierto desapareció, ahora se encontraban dentro de la dimensión de bolsillo que era el espacio de las maravillas, pero en esta ocasión no había sigilos flotando en el aire, pues no se trataba de un versus.
Sin despegar la vista del de ojos llameantes, Ludo sintió el momento en el que sus katanas aparecieron en sus manos, con un sutil click las sayas al suelo revelando las hojas de aleación preternatural negro.
El yi-mini flotaba a una altura elevada, seguía enfocando al chico semidesnudo, grabando toda evidencia necesaria, la apertura del lente cambiaba de forma constante.
FALLO EN LA DETERMINACIÓN E IDENTIFICACIÓN RÁPIDA DE FOLKLORE.
El falso ángel miró a su alrededor, tomó su tiempo observando el sitio hasta que su atención quedó prendida en el dron. En un parpadeo el chico desapareció, se convirtió de nuevo en una silueta que apenas y se notaba. El yi-mini se elevó más logrando esquivar apenas la vara metálica que intentó derribarlo.
Los ojos chisporroteantes se fijaron ahora en Charlotte, esta quedó congelada aún y cuando el falso ángel desapareció de su vista, al reaparecer también lo hizo Ludovic, escudó el ataque que iba dirigido a ella. El íncubo siguió bloqueando y desviando una repetida serie de ataques, las chispas que producía el choque de metales encandilaron a la artillera pero igual parecía que continuaba en trance. Ludovic la empujó haciendo que cayera lejos, a varios metros. Dio un fuerte pisotón tras de sí para ganar aplomo, aún así le resultaba difícil aguantar los ataques, la fuerza de estos no correspondían al físico esbelto del chico con alas. Gimió de esfuerzo después de bloquear un último golpe que lo arrastró un buen tramo. Buscó con su mirada a su compañera, quien seguía viéndolo desde el suelo.
—¿¡Qué haces!? ¡Reacciona! —gritó antes de desviar un nuevo ataque.
Y lo hizo. Charlotte materializó su Parabellum con el que apuntó al enemigo, disparó hacia las piernas pero las balas fueron esquivadas con suma facilidad. El falso ángel volvía a desafiar a la artillera con su mirada chisporroteante, saltó con la vara metálica en alto decidido a empalar a la folklorista.
—¡Govnó! —maldijo Charlotte en sovien.
La artillera rodó sobre sí misma logrando evadir la punta oxidada de la vara, a pesar del esquive la onda de choque la dejó sin aire.
Ludovic volvió a escudar a su compañera mientras se recuperaba, pero ahora fue él quien inició la ofensiva. Unió sus katanas por la base de sus mangos haciendo que resonara el acero al transformarse en su lanza doble. Con un rápido movimiento la hizo girar frente a él mientras avanzaba y obligaba al otro a retroceder.
No habían pasado ni cinco minutos desde que inició el enfrentamiento y Ludo ya sentía el esfuerzo del combate. Aquel chico era demasiado fuerte y rápido, apenas y lograba mantenerle el ritmo, a estas alturas comenzaba a considerar el uso de un aqua fortis.
Los movimientos del íncubo seguían siendo ágiles, como los de una danza acrobática, mientras que los del chico de ojos de oro eran más bruscos, pero determinantes. Logró impactar varias ocasiones hasta que la aleación de la vestimenta de Ludo llegó a su límite. La punta de la vara rasgó la tela y piel de su pierna lograndole arrancar un gemido.
Charlotte ya estaba de pie, corrió hacia ellos con un fusil estilo cheytac en manos. Empujó la culata y jaló la empuñadura, el arma se plegó como si fuera de origami hasta que se transformó en una escopeta táctica. Con un fuerte grito llamó la atención del falso ángel y disparó a quemarropa.
Sin dejar su postura, el chico miró tras él sobre su hombro, las llamas doradas en sus cuencas no se parecían en nada a un iris o pupila pero aun así Charlotte sentía que tenía su mirada clavada en ella.
Charlz dirigió su vista hacia donde dio el escopetazo encontrándose con un ala extendida. Más allá de unas cuantas marcas de quemadura y restos de pólvora, no había sangre ni heridas, los perdigones del cartucho se veían regados por el suelo.
Charlotte derramaba incredulidad por sus expresiones. Cargó cartucho dejando volar el que quedó vacío. Disparó de nuevo, esta vez al rostro y en la fracción de segundos que duró la detonación el chico extendió la otra ala de imitación tapándose la cara con ella, los perdigones se unieron a los otros en el suelo mientras estos seguían envueltos en humo de pólvora.
El falso ángel se enderezó y sus alas de utilería volvieron a su sitio, viéndose igual a como debían ser, una estructura de alambres forrada de plumas artificiales. Dirigió breves miradas a ambos folkloristas deteniéndose finalmente en Ludo a quien observó cómo este seguía presionando su pierna, en el sitio que recibió el corte, algunas gotas de tornasol salpicaron el suelo, el joven de ojos de oro fundido mostró algo parecido a fascinación cuando notó esto.
—Estaba consciente que la cofradía tiene esclavizadas a varias criaturas preternaturales —habló el semidesnudo con una voz que sonaba igual a coro de iglesia—, ¿pero el ensueño desaparecido?, creo que ni siquiera Dumah llegó a suponer que estarías aquí, apenas ha pasado algo de tiempo pero muchos ya te daban por perdido, que de alguna forma tu esencia debió haber regresado al vacío.
Se acercó a él y entrecerró sus ojos, de alguna forma eso provocó que las fraguas de su interior brotaran más chispas.
—Pero estás aquí, y habitando el cuerpo de un adán —inclinó ligeramente su cabeza sin dejar de observarle—, ¿cómo le hiciste?
—¿Eh…?
Tanto Ludo como Charlotte se hallaban descolocados por el cese de agresividad.
—Me es obvio que el dueño original ya no está ahí adentro —aseguró mirando a Ludovic como si escaneara algo en su interior—, tampoco parece que lo hayas sacado a la fuerza como hacen los caídos, pero creo que nadie se hubiera imaginado que los onirianos podían habitar cuerpos físicos.
Con la varilla señaló el collar de obediencia de Ludo.
—Eso es lo que te mantiene cautivo, ¿no?, lo que no te deja salir de esa jaula mundana.
Era raro pero no inusual que en algunas ocasiones durante sus casos se descubriera la verdadera naturaleza de Ludovic, sobre todo cuando tenía que combatir, tal como sucedió en su anterior caso en el crucero, pero en aquella ocasión sucedió casi al final, durante el calor de la última batalla. Era la primera vez que alguien se percataba a la primera.
—Aunque me estoy mordiendo la lengua —dijo en medio de una risa que sonó más a campanas angelicales—, o como he escuchado que dicen aquí: El burro hablando de orejas.
Las gruesas cejas del cerbero se fruncieron hasta formar una única línea.
«¿Por qué esta persona sabe tanto?, ¿ensueño perdido?» fueron las únicas preguntas que lograron tener coherencia entre el embrollo de pensamientos que azotaba la mente de Ludovic.
El falso ángel miró a su alrededor, aunque dentro del espacio de las maravillas no había nada que observar.
—Se nota que sus recursos han avanzado mucho desde la guerra del diluvio, es sorprendente que hayan encontrado maneras de utilizar el páramo a su favor —con sus dedos, pinzó algo en el aire y haló. La blancura que les rodeaba desapareció igual a que estuviera jalando de una sábana, de pronto volvían a estar en medio del desierto de Aztlán.
Ludovic y Charlotte quedaron completamente estupefactos.
FALLO CRÍTICO. ESPACIO DE LAS MARAVILLAS DESACTIVADO.
—¿Pero qué mierda? —maldijo la folklorista.
El dron yi-mini recogió las cuatro bobinas que disparó momentos antes y volvió a su posición en lo alto.
Aún pasmado, Ludovic aferró sus armas con más fuerza.
—Solo has estado jugando con nosotros, ¿por qué no nos mataste desde que tuviste la oportunidad? —preguntó Charlotte con cautela.
—Los estaba probando, no jugando —puntualizó—, empezaba a creer que solo eran carne de cañón hasta que me di cuenta de lo que se escondía detrás de esos ojos celestes.
—¿Quién eres? —preguntó Ludo.
—Perdona, es verdad, que feos modales —se excusó con una ligera reverencia—, hacía tiempo que no preguntaban directamente por mi nombre. Soy Zadquiel, de la misericordia.
Al realizar la reverencia las alas falsas en su espalda dieron un par de aleteos.
—¿Qué demonios…? —preguntó Charlotte, perpleja, su cerebro no daba crédito.
—Todo lo contrario, hija de Eva, si fuera un caído sería Samael, pero te aseguro que si él estuviera presente no tendría la indulgencia que estoy por ofrecerles, menos aún después de lo de Yeru Shalom, ¿o no? —aquella última pregunta pareció que se la hizo a Ludo en específico, como si supiera de su participación en aquella guerra.
Zadquiel enterró junto a él la vara metálica y se cruzó de brazos.
—¿Indulgencia?, ¿a qué te refieres? —preguntó Ludovic con cautela.
—Pueden irse, no les haré nada, lo que quieran hacer a continuación ya depende de ustedes —aseguró Zadquiel—. Pueden seguir su investigación como si esto no hubiera pasado, o si quieren pueden avisar a sus maestres —se encogió de hombros—, aunque… puede que Zan Mar Tyn sea borrado del mapa antes de que lleguen los demás folkloristas. Fue inteligente haber desgarrado el velo en este lugar —dijo señalando a su alrededor—, es un punto muerto del cual no se han percatado.
—¿Qué es lo que intentan hacer con todo ese lirio?, —preguntó Charlotte—, ¿de dónde lo están sacando?
Zadquiel realizó una amplia sonrisa, sus ojos seguían siendo lo que más brillaba, incluso más que el sol.
—Mi indulgencia tiene límites, hija de Eva, no se me permite revelar tanto.
A Ludovic de pronto se le vino un recuerdo, una ráfaga de imágenes, las que vio en la pantalla de la oficina de Micolash, los cadáveres de los disfrazados de ángeles. El patrón estaba ahí, en Zadquiel, con la diferencia de que él se veía muy vivo.
—¿Quiénes son esos, los que no se han percatado? —preguntó Ludovic.
Zadquiel guardó silencio por un tiempo, tanto que incluso Charlz y Ludo creyeron que les volvería a atacar. Ambos comenzaron a ponerse en guardia, aún con duda.
—Me agradas, ensueño perdido —dijo con esa voz tan melodiosa.
«Otra vez con eso de ensueño...» pensó el íncubo con algo de fastidio.
—Puedo empatizar contigo, tener que obedecer órdenes todo el tiempo, fingir algo que no eres y ser subestimado… —de pronto, le dedicó una mirada de sospecha—, ¿o es que acaso ni siquiera sabes lo que eres realmente?
El aire seguía silbando alrededor de ellos mientras el tiempo pasaba. Ludovic intercambió miradas con Charlotte.
—¿Por qué la advertencia?, ¿por qué nos dejas ir? —preguntó Ludo.
—Entre tu correa y la mía hay mucha diferencia, pero al igual que tú no puedo liberarme por mi propia mano, lo que sí es que mis cadenas se aflojan a cierta distancia —aseguró extendiendo su sonrisa de nuevo—. Mis hermanos y yo hemos descubierto cómo aprovecharnos de esto, tal como estoy haciendo en este momento.
En la lejanía, a espaldas de Zadquiel, aparecieron un par de camionetas que levantaban polvo, salían desde Zan Mar Tyn siendo el lugar en el que estaban su lugar de destino. Zadquiel volteó hacia la escena con desinterés, después miró hacia el cielo antes de regresar su atención a los folkloristas.
—Ese conjuro tecnológico que utilizaron para ocultar su llegada ya hace tiempo que se disipó. Si tienen intenciones de seguir vivos tal vez sería bueno que utilicen otro de sus trucos para salir de aquí —advirtió.
Ludovic dio un rápido vistazo a las camionetas que se veían más cerca cada vez.
El cerbero deslizó su índice por la pantalla de su reloj.
MATERIALIZANDO CARTUCHO BÁRDICO DE INVISIBILIDAD.
En una de sus manos apareció un objeto plateado con forma cilíndrica. Uno extremo terminaba en una bocina cónica como trompeta, y en el otro había un botón. Sobre la superficie del cilindro, se veían algunas notas musicales junto con un par de sigilos alquímicos.
Volteó con Charlotte quien parecía dispuesta a soltar un nuevo argumento, esta prefirió morderse sus labios.
—¿Lista?
La artillera asintió. La tomó de la mano y alzó el cartucho sobre su cabeza. Antes de que Ludo presionara el botón fue interrumpido por Zadquiel una última vez.
—En los próximos días un chico de nombre Miguel saldrá de Zan Mar Tyn con dirección a San Argente. Deberían tomar en cuenta encontrar a este joven.
La cabeza de Ludo fue invadida por más preguntas, pero al ver que las camionetas cada vez se hallaba más cercas decidió accionar el dispositivo.
—¿A dónde vamos? —preguntó Charlotte, ansiosa.
—Al Motel Concepción de Plata —aseguró Ludovic.
El cartucho emitió un resplandor acompañado de una voz melodiosa, esta soltó un par de palabras incomprensibles en Volenska, el idioma de los bardos y ambos folkloristas desaparecieron de la vista entre destellos, dejando atrás a Zadquiel quien ahora centraba su atención en el arribo de las camionetas. Los misteriosos tripulantes ni siquiera vieron el rastro de luz, y las huellas que dejaron en la arena mientras se alejaban del lugar no tardaron en ser borradas por el viento.



I really enjoyed the mythic and mysterious tone of this piece it feels like a legend being slowly uncovered, and the atmosphere pulls the reader deeper into the world. Will future chapters explore more of the cultural or spiritual origins behind these divine folklore elements?